Julia Roberts
Julie Fiona Roberts , más conocida como Julia
Roberts (nacida en Smyrna, Georgia, el 28 de octubre de 1967) es
una actriz estadounidense.
Estudió periodismo, pero luego decidió hacerse actriz.
Su primer papel fue en Mystic Pizza (1988). En 1990 interpretó a
una prostituta en Pretty Woman, con el que obtuvo una nominación
al Óscar.
Es la dueña de las piernas más largas de Hollywood,
y de la boca más grande, y de los dientes más blancos,
los ojos más cristalinos, la risa más limpia, la tez
más fina... Además de poseer la carita delicada de
una flor, el cuello y la silueta de un cisne, Julia Roberts es la
actriz más cotizada de Hollywood. En cuanto a los críticos.
Su sueño empezó en 1990, cuando entre las burbujas
de una bañera sus larguísimas piernas abrazaron a Richard
Gere en "Pretty Woman". Esa película la convirtió en
una superestrella. Aunque en "Mystic Pizza", donde hacía
de camarera portuguesa en un pequeño restaurante, ya se puso
a la mitad de los críticos norteamericanos en el bolsillo.
Sus principios estuvieron alejados de Hollywood la ciudad de Smyrna
no es precisamente una metrópolis y del mundo de la interpretación:
su padre (Walter) era vendedor de aspiradoras y su madre (Betty)
secretaria de una iglesia. Aunque antes de que ella naciera, estuvieron
en contacto con el mundillo de la interpretación, llegando
a montar un taller de actores.
Es la dueña de las piernas más largas de Hollywood,
y de la boca más grande, y de los dientes más blancos,
los ojos más cristalinos, la risa más limpia, la tez
más fina... Además de poseer la carita delicada de
una flor, el cuello y la silueta de un cisne, Julia Roberts es la
actriz más cotizada de Hollywood. En cuanto a los críticos,
son un suave colchón de plumas.
Julia siempre quiso ser veterinaria, pero al terminar el instituto
le dió un pronto existencial y se fue a Nueva York, donde
vivían sus hermanos, a probar como actriz. Se apuntó a
la agencia de modelos Click y tomó algunas clases de interpretación
que no acabaron de satisfacerla.
La primera oportunidad fue un enchufe. Su hermano mayor, Eric, le
consiguió un papel en un drama, "Blood Red", pero
fue un chasco que se guardó enlatado cuatro años. Así que
su verdadero debut fue en la televisión, en un capítulo
de la serie "Crime Story", de Kevin Spacey. Ahora que es
una megadiva resulta curioso verla en sus apariciones en "Miami
Vice" o "Friends".
Un papel dramático le hizo rozar la gloria. Interpretando
a una novia enferma en "Magnolias de Acero" la nominaron
por primera vez al Oscar. Luego consiguió ser la prostituta
con más suerte del mundo en "Pretty Woman", papel
que "persiguió como un perro". Fue su segunda nominación
al Oscar, con menos de 24 años. Después vinieron una
larga sucesión de éxitos comerciales como "Hook",
de Steven Spielberg, pero también otro batacazo personal:
días antes de casarse con el actor Kiefer Sutherland, la prensa
destapó un romance del novio con una cantante de striptease.
Durante dos años Julia se recluye en una burbuja lejos de
todo. Sólo se permite un brevísimo cameo en la película "El
juego de Hollywood", de Robert Altman. La actriz retoma el vuelo
con el "Informe Pelícano" junto a Denzel Washington,
a la vez que vive un romance con el cantante de country Lyle Lovett,
que acaba en boda y desemboca en divorcio poco después.
¿Por qué Julia Roberts se baña cada vez menos?
La actriz cuida los aceites y olores naturales de su cuerpo
E l primero en lanzar una alerta fue el británico Rupert Everett, quien hizo de compinche y confidente de Julia Roberts en “La boda de mi mejor amigo”. Hace unos cinco años, después de haber filmado esa comedia romántica, el actor escribió un libro donde contó sus experiencias junto a varias divas del cine y echó al agua a su compañera de elenco.
Lo que dijo fue que “Julia olía vagamente a sudor, algo que para mi gusto era sumamente sexy”.
Everett bajó a Julia Roberts del Olimpo de un porrazo. Porque las estrellas no transpiran y menos andan dejando a su alrededor un aroma tan penetrante, según creemos los comunes mortales.
Con el tiempo transcurrido, no hay más opción que creerle al indiscreto Rupert. El olor que sintió mientras compartía el set o las horas libres con la protagonista de “Pretty woman” no fue producto de su imaginación o de una excesiva aprensión higiénica, sino el resultado de los hábitos que tiene la actriz.
A Julia Roberts le importan el medioambiente y el equilibrio natural de su delgado cuerpo, y por eso se mete a la ducha sólo cuando es estrictamente necesario, para no perder los aceites naturales de su cuerpo. Y de paso, no gastar agua de más ni echar jabones al planeta. Si se toman en serio las declaraciones que hizo un ex guardaespaldas de la actriz una vez que terminaron sus servicios, Everett tuvo suerte y olió apenas una suave brisa de sudor.
Según el hombre que alguna vez fue parte de su staff de seguridad, la diva sonriente puede pasar varios días sin poner su humanidad bajo un chorro, sea helado o caliente.
“Julia es una hippie total. Le gusta cuidar el agua, porque es muy ecológica, y también es aficionada al aroma de sus propios aceites”, contó el guardia a la revista “Star”.
El ex empleado no dio su nombre, pero sí abundantes detalles de la rutina de limpieza de su ex jefa. Además de informar el asunto de la ducha, reveló que se lavaba el pelo con la misma escasa frecuencia para evitar que se le resecara. “Star”, por supuesto, le preguntó por la opinión de Danny Moder, el marido de la actriz, y el ex guardia respondió que al camarógrafo y cineasta le daba lo mismo.
“Esos dos son lo más alejado del glamour hollywoodense que he visto”, agregó, y tiene cierta razón.
Claro que Julia Roberts no es única en su especie. Bañarse cuando el olor ya no da más la lleva en el star system (ver recuadro), así como otras costumbres destinadas a proteger el cuerpo de elementos tóxicos y a cuidar las bacterias propias y benefactoras.
Entre ellas está el no-uso de desodorante. En este caso, no ha sido necesario que ningún ex funcionario empiece a contar verdades. La propia actriz se lo confesó a Oprah Winfrey en 2008 durante un programa en el que una amiga suya fue a promocionar un libro sobre el uso de productos orgánicos.
“Nunca ha estado entre las cosas que utilizo.
A veces, si estoy en el trabajo, lo que hago a mitad de día es refrescarme”, contó ante las cámaras. No dijo si tenía una alternativa para prevenir la sudoración y, bueno, el olor tan inconfundible de las axilas que se han dejado a la buena de Dios.
A propósito. Mucho antes de que Rupert Everett decidiera compartir con el mundo el olorcito a salado que emanaba de su compañera de elenco en “La boda de mi mejor amigo”, la actriz ya había mostrado que en algunas cosas se acerca más a los europeos (hay más, aparte del desodorante). Sucedió en la premiere de “Notting Hill”, otra comedia romántica, en 1999.
Julia apareció en la alfombra roja con un vestido rojo-frambuesa y lo primero que hizo a su llegada fue empezar a levantar los brazos para saludar al público, mientras además respondía preguntas a un periodista. Como el vestido prácticamente no tenía mangas, la axila del brazo que alzó (el derecho) quedó plenamente visible, al igual que los vellos, que habían tenido bastante tiempo para crecer.
Julia Roberts no se depila debajo de los brazos y es consecuente con esa práctica. Desde “Notting Hill” han pasado once años y la actriz sigue luciendo los pelos que protegen esa zona. Basta con buscar algunas fotos de sus dos últimas vacaciones en Hawai para descubrir que ni la cera ni los adminículos saca-vellos han pasado por ahí.
Sus viajes a la playa son la única oportunidad para retratar el cuerpo de la protagonista de “Erin Brockovich”, quien anda cada vez más tapada, con trajes que, además de fomes, son tan anchos y largos que parecen quedarle grandes.
Cuando los paparazzi consiguen capturarla en bikini, se ve también que es cierto que Julia Roberts es enemiga de la cirugía plástica. Se notan las consecuencias de sus dos embarazos -tiene tres hijos, dos de ellos mellizos-, así como algunos pliegues de su cara que ha decidido dejar tal como están. Y eso que ahora es rostro de Lancome.
Pero como la actriz cree que lo más sano y sabio es resignarse a que la naturaleza siga su curso, no sólo se niega a someter su piel al bótox o al bisturí, sino también a los betunes ultra elaborados que prometen devolver la lozanía a cualquier cutis en cosa de semanas.
“Quiero que mis hijos sepan cuándo estoy confundida, enojada o feliz. Tu rostro cuenta una historia y esa historia no debería ser la cantidad de viajes que uno ha hecho hasta la consulta del cirujano”, comentó en una entrevista con “Elle” recientemente.
Julia Roberts cree que el secreto de la belleza está en “ser feliz y tal vez en un poquito de crema para los ojos”.
Sobre su busto no se ha pronunciado y por algo será. Según el “Daily Mail”, entre 2009 y 2010, el sostén del bikini de la actriz ha crecido sospechosamente.
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